25 de enero de 2017

¿Por qué hacemos del sexo un problema?



¿Por qué hacemos del sexo un problema? 
Conocemos el sexo como una necesidad física psicológica ineludible, y parece ser una causa básica de caos en la vida personal de nuestra generación. ¿Cómo podemos habérnoslas con este problema?
Krishnamurti, respondió: 
¿Por qué cualquier cosa que tocamos la convertimos en un problema? Hemos hecho de Dios un problema, hemos hecho del amor, de la relación, del vivir, un problema, y hemos hecho del sexo un problema. 
¿Por qué? ¿Por qué todo lo que hacemos es un problema, un horror? ¿Por qué sufrimos? ¿Por qué se ha convertido el sexo en un problema? 
¿Por qué nos sometemos a este vivir con problemas? ¿Por qué no les ponemos fin? 
¿Por qué no morimos para nuestros problemas en vez de cargarlos con nosotros día tras día, año tras año? 
El sexo es, ciertamente, una gestión pertinente, pero está la pregunta primordial: «¿Por qué convertimos la vida en un problema?»
El trabajar, el sexo, el ganar dinero, el pensar, el sentir, el experimentar –ya saben, todo el asunto este del vivir– ¿por qué es un problema? 
¿No es, en esencia, porque siempre pensamos desde un punto de vista particular, fijo? Siempre estamos pensando desde un centro hacia la periferia, pero la periferia es el centro para la mayoría de nosotros, y así, todo lo que tocamos es superficial. 
Pero la vida no es superficial; exige ser vivida completamente y, a causa de que la vivimos sólo superficialmente, no conocemos sino la reacción superficial. 
Cualquier cosa que hagamos en la periferia debe, inevitablemente, crear un problema, y eso es nuestra vida: vivimos en lo superficial y nos contentamos con vivir ahí con todos los problemas de lo superficial. 
Los problemas existen mientras vivimos en lo superficial, en la periferia, siendo la periferia del "yo" con sus sensaciones, las cuales pueden ser exteriorizadas o permanecer en lo subjetivo, pueden identificarse con el universo, con el país o con otra cosa compuesta por la mente.
Mientras vivamos dentro del campo de la mente, tiene que haber complicaciones, problemas; y eso es todo lo que conocemos. La mente es sensación, es el resultado de sensaciones y reacciones acumuladas, y todo cuanto toca debe crear, por fuerza, desdicha, confusión, un problema interminable.
La mente es la verdadera causa de nuestros problemas, la mente que funciona de manera mecánica noche y día, consciente o inconscientemente.La mente es una cosa muy superficial, y hemos pasado generaciones y pasamos toda nuestra vida cultivando la mente, haciéndola más y más ingeniosa, más y más sutil, astuta, deshonesta y retorcida, lo cual resulta evidente en todas las actividades de nuestra vida. 
La propia naturaleza de nuestra mente es ser deshonesta, retorcida, incapaz de afrontar los hechos, y eso es lo que crea problemas; eso es, en sí mismo, el problema.
¿Qué entendemos por el problema del sexo? 
¿Es el acto, o es un pensamiento acerca del acto? Sin duda, no es el acto. 
El acto sexual no es un problema para ustedes, no más que el comer, pero si piensan en el comer o en alguna otra cosa durante todo el día porque no tienen otra cosa en qué pensar, entonces eso se vuelve para ustedes un problema. 
¿El problema es el acto sexual o el pensamiento acerca del acto? ¿Por qué piensan en él? 
¿Por qué lo intensifican con el pensamiento, cosa que obviamente hacen? 
Los cines, las revistas, las narraciones, el modo como visten las mujeres, todo eso refuerza el pensamiento del sexo. 
¿Por qué la mente lo intensifica, por qué la mente piensa en absoluto acerca del sexo? 
¿Por qué? 
¿Por qué se ha vuelto un problema fundamental en nuestra vida? 
Cuando hay tantas cosas que llaman, que exigen nuestra atención, concedemos atención completa al pensamiento sexual. 
¿Qué ocurre?, ¿por qué nuestras mentes se hallan tan ocupadas con eso? 
Porque es un modo de lograr el máximo de los escapes, ¿no es así? 
Es una manera de olvidarse completamente de uno mismo. 
Todo lo demás que hacemos en la vida acentúa el "yo", el "sí mismo". 
Nuestros negocios, nuestra religión, nuestros dioses, nuestros dirigentes, nuestras actividades políticas y económicas, nuestros escapes corrientes, nuestras actividades sociales, nuestro ingreso a un partido y nuestro rechazo de otro..., todo eso acentúa y fortalece el "yo".
O sea, que hay un solo acto en el que no se acentúa el "yo", y así ello se vuelve un problema, ¿verdad? 
Cuando en la vida hay una sola cosa que constituye una vía hacia el escape fundamental, hacia el completo olvido de nosotros mismos, así sea por unos cuantos segundos, nos aferramos a ella porque es el único momento en que somos felices. 
Toda otra cosa que tocamos se convierte en una pesadilla, en una fuente de sufrimiento y pena; por tanto, nos aferramos a lo único que nos brinda completo olvido de nosotros mismos, y a eso lo llamamos felicidad. 
«Pero cuando nos aferramos a eso, también se convierte en una pesadilla, porque entonces deseamos librarnos de eso, no queremos ser sus esclavos»
Así que inventamos, otra vez desde la mente, la idea de castidad, de celibato, y tratamos de ser célibes, castos mediante la represión, todo lo cual son operaciones de la mente para aislarse del hecho. Esto acentúa una vez más el "yo", que está tratando de llegar a ser algo, y así nos vemos atrapados nuevamente en afanes y dificultades, en el esfuerzo y el dolor.
El sexo se vuelve un problema extraordinariamente difícil y complejo en tanto no comprendemos la mente que piensa acerca del problema. 
El acto sexual en sí nunca puede ser un problema; lo que crea el problema es el pensamiento acerca del acto. Protegemos el acto; vivimos en forma disoluta o nos complacemos sexualmente en el matrimonio, convirtiendo de tal modo a nuestra esposa en una prostituta, todo lo cual es aparentemente muy respetable y estamos satisfechos de dejarlo como está. 
Lo cierto es que el problema puede resolverse sólo cuando comprendemos todo el proceso y la estructura del "yo" y de "lo mío": mi mujer, mi hijo, mi propiedad, mi automóvil, mi logro, mi éxito; hasta que comprendamos y resolvamos todo eso, el sexo seguirá siendo un problema. En tanto seamos ambiciosos política, religiosamente o en cualquier otra forma, en tanto demos énfasis al "yo", al pensador, al experimentador, nutriéndolo de ambición, ya sea en nombre de uno mismo como individuo o en nombre del país, del partido o de una idea que llamamos religión, en tanto exista esta actividad auto-expansiva, tendremos un problema sexual.
Por una parte, estamos creando, alimentando, expandiendo nuestra propia personalidad, y por la otra, procuramos olvidarnos de nosotros mismos, así sea por un momento. 
¿Cómo pueden existir juntas ambas cosas? 
Nuestra vida es una contradicción: énfasis en el "yo" y olvido del "yo". 
El sexo no es un problema; el problema es esta contradicción en nuestra vida. 
Y la contradicción no puede ser salvada por la mente, porque la mente misma es una contradicción. 
La contradicción puede ser comprendida sólo cuando comprendemos plenamente todo el proceso de nuestra existencia diaria.
Ir al cine y contemplar a las mujeres en la pantalla, leer libros que estimulan el pensamiento, revistas con sus fotografías semidesnudas, la manera como miramos a las mujeres, las miradas subrepticias que atrapan las nuestras...; todas estas cosas alientan a la mente, por medios tortuosos, a poner el acento en el "yo"; y al mismo tiempo tratamos de ser buenos, afectuosos, tiernos. 
Ambas cosas no pueden marchar juntas. 
El hombre que es ambicioso en lo espiritual o de otro modo, jamás puede estar sin un problema, porque los problemas cesan sólo cuando olvidamos el "yo", cuando el "yo" no existe, y ese estado de la no existencia del "yo" no es un acto de la voluntad, no es una mera reacción. 
El sexo se vuelve una reacción; cuando la mente trata de resolver el problema, sólo logra hacerlo más confuso, más dificultoso, más aflictivo. El acto no es el problema; el problema es la mente; la mente que dice que debe ser casta. La castidad no es de la mente.

La mente sólo puede reprimir sus propias actividades, y la represión no es castidad. La castidad no es una virtud; la castidad no puede ser cultivada. 
El hombre que cultiva la humildad no es, ciertamente, humilde; podrá llamar humildad a su orgullo, pero es un hombre orgulloso y, por eso, busca volverse humilde.
El orgullo jamás puede llegar a ser humilde, y la castidad no es cosa de la mente; uno no puede hacerse casto. 
Conocerá la castidad sólo cuando haya amor, y el amor no pertenece a la mente.
Así pues, el problema del sexo que tortura a tantas personas en todo el mundo no podrá ser resuelto hasta que la mente sea comprendida. 
...
Entonces el sexo ya no es más un problema; tiene su lugar apropiado; no es ni una cosa impura ni una cosa pura.
El sexo tiene su lugar, pero cuando la mente le da el lugar predominante, el sexo se convierte en un problema. 
La mente le da un lugar predominante porque no puede vivir sin algo de felicidad, y así es como el sexo llega a ser un problema. 
Cuando la mente comprende la totalidad de su proceso y, de este modo, le pone fin, cesa el pensamiento; entonces hay creación, y esa creación es lo que nos hace felices.

Es una dicha hallarse en ese estado de creación, porque es el olvido de uno mismo, y en él no hay reacción alguna como las que provienen del "yo". 
Esto no es una respuesta abstracta al problema cotidiano del sexo; es la única respuesta
La mente desconoce el amor, y sin amor no hay castidad; debido a que no hay amor, hacen ustedes del sexo un problema.
 Jiddu Krishnamurti
Del libro: La Libertad Primera y Última